
“En el cumple de mi sobrina me sacaron una foto de costado sin avisarme y me quedé mirando el cuello. Pensé: esa no soy yo. Tenía un cajón lleno de cremas abiertas y ninguna me había cambiado nada. Con este, a la semana ya sentía la piel distinta al tacto, y al mes y pico mi marido me dijo que me veía descansada. Ahora cuando sacan el celular no me escondo atrás de nadie.”











